Alrededor de la Mesa
III° Edición

Labordeboy, Pcia. de Santa FeNoviembre de 2017
Salón Parroquial
Hughes, Pcia. de Santa Fe

2017 - HUGHES

Por segundo año la muestra se realizó en el “Salón Parroquial” de Hughes, y organizada en forma conjunta con la Asociación Civil Museo de Hughes” y el Museo Regional “Léon Laborde Boy”. El tema de la muestra fue libre y se presentaron doce mesas. En esta ocasión se suman a participar en la muestra el “Museo de la Ciudad de Colón” (Bs. As.) y el “Museo Comunal de Alcorta”.

Se contó con la Adhesión de la Comuna de Hughes.

Los cubiertos: esos perfectos desconocidos

Estamos acostumbrados, a sentarnos alrededor de una mesa rodeados de los más cercanos, amigos, conocidos, compañeros de trabajo, e incluso en soledad. Ello resulta un hábito diario, un rito casi mecánico que, en ocasiones sólo se ve alterado por un ágape festivo, una salida a “comer fuera”, o por la presencia de huéspedes en el hogar. A lo sumo dedicamos unos minutos a la decisión del plato, unos cuántos más a digerirlos, y muchos otros en la preparación de los mismos. Pero hay unos objetos que en toda esta historia parecen pasar desapercibidos, casi como entidades abstractas o fantasmales. Ellos son los cubiertos.

Algunos de ellos son antiquísimos, y otros más cercanos en el tiempo. Aunque todos ellos acompañaron la evolución de la mesa en sentido lato y no estuvieron ajenos de sospechas, curiosidades, e intrigas. Vamos a conocerlos un poco más de cerca, porque después de todo, nadie tiene la capacidad de amar lo que no conoce.

El cuchillo sea tal vez el cubierto más añejo, más natural, y el que mejor resume el concepto de instrumento. Él, es la continuidad de los dientes incisivos del humano, desde el mismo instante en que empezó a tallar el sílex, aunque en ocasiones su uso extra culinario lo transformó en un arma espontánea y letal. No es casualidad que las crónicas cuenten que el mismísimo Cardenal Richelieu mandara a eliminar sus puntas, y un Borbón, Felipe V, prohibiera su uso.

A partir del carácter temerario, cuando no directamente mortífero del cuchillo, irá surgiendo un instrumento con mango, al estilo de un pincho, con la finalidad de reemplazar los dedos en el arte de ingerir alimentos. Los manuales de buenos modales a la usanza, imponían el uso de la mano, e incluso especificaban los dedos a utilizarse al momento de tomar los alimentos para llevarlos a la boca. Este instrumento tampoco fue ajeno a las cuestiones de palacio, después de todo, en sus salones era dónde se creaba tendencia, sobre todo en aquellos tiempos sin medios de comunicación masivos - y menos aún -, sin nuestras redes sociales. Se cuenta que la hija del emperador de Bizancio, Teodora, habría sido la responsable de introducir el tenedor a las mesas europeas, empezando por Venecia, aunque él no logrará arraigarse en muchas mesas más, sobre todo a partir de una acusación contra el cubierto de ser un “elemento diabólico”. Otra dama real, Catalina de Médici, al desposarse con Enrique II de Francia, lo instalaría como “trending topic” a partir de 1533. Evolucionará después, adquiriendo una segunda y una tercera punta, hasta que los italianos, como no podía ser de otra manera le añadirán una cuarta para poder deglutir con parsimonia y arte sus fabulosos espaguetis.

En lo que respecta a la cuchara, debemos dejar que su etimología nos hable para comprenderla mejor. Y es que el término “cuchara”, se cree que deriva del latín “cochleare” que a su turno vendría de “cochlea” (concha de caracol, concha de molusco, etc.), y ese sería el elemento, al menos uno de los que podemos rastrear que cumplían la función de la cuchara actual. Aunque se sospecha de su uso ya en el paleolítico, no será hasta en el renacimiento cuando su utilización se tornará más o menos popular en las mesas de Europa, y otras partes del mundo. Los helenos y romanos, aunque no las desconocían, lo mismo que el antiguo Egipto, se habían decantado por un uso religioso de este instrumento.

Como podemos apreciar, estos compañeros silenciosos de cada ágape ya forman parte de nuestras vidas, aunque nunca esté de más preguntarnos por sus identidades, por su historia, porque al fin y al cabo, ellos no dejan de ser instrumentos, medios que nos permiten ingerir el alimento en el cuerpo, y como sabemos: un cuerpo sano debe yacer junto a un alma sana, a una vida compartida, volcada hacia los demás, luchando desde nuestro espacio, para que no exista un ser humano sin sustentos, tanto materiales, como espirituales. Un filósofo dijo que el hombre es lo que come, nosotros ahora sabemos que también es y está “con” lo que come, con estos seres anónimos, con estos perfectos desconocidos, que ahora ya podemos permitirnos tutear, incluso, considerarlos verdaderos amigos…

Por: Fabián Abdala Marzá, Abogado y Filólogo.